El Mural de la Memoria

Por el Arq. Cert. Ángel Juárez Ramírez

Vicepresidente del Colegio de Arquitectos de Tuxpan y Norte de Veracruz.

Representante de la comisión de Patrimonio Arquitectónico.

Director de la Licenciatura de Arquitectura de la UPAV sede Papantla.

#Tuxpan

El centro de Tuxpan, Veracruz es una oleada de historias. En su corazón urbano coexisten diversos tipos de edificaciones arraigadas en la memoria de su gente: La catedral de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVIII; y el Hotel Reforma, de estilo Neoclásico y concluido en 1922, una joya que se inserta firmemente dentro de las primeras décadas del siglo XX como parte fundamental de la catalogación del patrimonio arquitectónico local;  Muy cerca de ellos, el Palacio Municipal combina las líneas clásicas y las modernas; por un lado, exhibe cornisas, arcos y columnas de orden clásico sin basamento: por el otro, un volumen central completamente liso con ventanales continuos que rompe con la tradición.

Más allá de la arquitectura formal la cultura urbana de la ciudad late en la huella de sus murales, Estas obras — incluso aquellas que la memoria hoy debe rescatar de la cal o el olvido — describen su historia y sus raíces, convirtiéndose en el espacio donde se forja la percepción colectiva e individual, respondiendo a esa pregunta elemental: ¿de dónde venimos? Es ahí donde nacen sus narrativas y cobran significado. Así, la memoria urbana es un registro vivo de las experiencias de quienes transitan cotidianamente entre edificios civiles, religiosos y particulares. La identidad huasteca se va tejiendo con estos murales, ya sean bajorrelieve o pictóricos. Al igual que en Poza Rica y Papantla—por citar referentes de la región norte de Veracruz—, la memoria se traza y salvaguarda a través de la elocuencia de las imágenes.

Para el visitante, estos murales apelan directamente al turismo. Parafraseando al escritor Italo Calvino, el ciudadano o el viajero no se deleitan tanto con la espectacularidad de una obra, sino con la respuesta que esta da a una pregunta íntima, justo ante la imposibilidad de que alguien se lo explique en ese momento. Por otra parte, no podemos obviar la narrativa política que, como práctica, suele reflejar una autorepresentación de los intereses de su época.

Concluyo con esta evocadora sentencia del propio Calvino en Las ciudades invisibles: “Al llegar a cada nueva ciudad, el viajero reencuentra un pasado suyo que no sabía que tenía: la extrañeza de los que ya no eres o no posees te espera en lugares ajenos y desposeídos”. Que al recorrer Tuxpan, sigamos encontrando ese pasado, un presente que reconocemos como propio y un futuro con profunda raíz y memoria.