Diócesis de Orizaba advierte que drogas sintéticas alcanzan a más jóvenes y llama a reforzar la prevención

  • El sacerdote señaló que el panorama de las adicciones ha experimentado cambios importantes durante los últimos años. México, dijo, dejó de ser visto únicamente como un territorio utilizado para el traslado de sustancias hacia otros países, pues actualmente también enfrenta un crecimiento del consumo.

Miguel Romanillos 

#Orizaba

El avance en el consumo de drogas entre adolescentes y jóvenes se ha convertido en una preocupación que rebasa el ámbito de la seguridad pública y obliga a reforzar las estrategias de prevención desde los hogares, las escuelas y las instituciones, advirtió el vocero de la Diócesis de Orizaba, Helkyn Enríquez Báez.

El sacerdote señaló que el panorama de las adicciones ha experimentado cambios importantes durante los últimos años. México, dijo, dejó de ser visto únicamente como un territorio utilizado para el traslado de sustancias hacia otros países, pues actualmente también enfrenta un crecimiento del consumo dentro del propio territorio, situación que alcanza incluso a sectores cada vez más jóvenes de la población.

Uno de los aspectos que genera mayor preocupación, explicó, es la presencia de drogas sintéticas, debido a que algunas de estas sustancias pueden encontrarse con relativa facilidad y, en determinados casos, tener precios que las hacen accesibles para adolescentes y jóvenes.

Esta situación incrementa los riesgos, ya que el contacto con las drogas puede comenzar a edades tempranas y derivar en problemas de dependencia, deterioro de la salud y afectaciones en el entorno familiar, escolar y social de quienes las consumen.

Enríquez Báez consideró que la prevención no puede comenzar cuando el joven ya presenta una adicción. Por el contrario, debe desarrollarse desde las primeras etapas de formación, mediante información clara, comunicación familiar y acompañamiento permanente.

En este sentido, destacó el papel que tienen madres y padres de familia para detectar cambios de comportamiento, establecer espacios de diálogo y conocer las circunstancias en las que se desenvuelven sus hijos. De igual manera, consideró necesario que las escuelas cuenten con herramientas para identificar situaciones de riesgo y canalizar oportunamente a quienes requieran apoyo.

El vocero de la Diócesis de Orizaba insistió en que el problema de las adicciones no puede ser atribuido exclusivamente a las autoridades encargadas de la seguridad. Se trata, afirmó, de un fenómeno social que requiere la participación conjunta de familias, instituciones educativas, autoridades de salud, organizaciones sociales, iglesias y medios de comunicación.

A su consideración, atender únicamente las consecuencias mediante operativos o acciones policiales resulta insuficiente si no se trabaja paralelamente en las causas que llevan a determinados jóvenes a acercarse al consumo de sustancias.

También vinculó el fenómeno de las adicciones con otros problemas que afectan a las comunidades, como la violencia y la inseguridad. Explicó que cuando una persona desarrolla una dependencia puede generarse una cadena de conflictos que termina impactando no solamente al consumidor, sino también a su familia y a su entorno.

Por ello, planteó la necesidad de construir alternativas para los jóvenes, fortalecer los espacios de convivencia y ofrecer oportunidades educativas, deportivas, culturales y laborales que contribuyan a alejarlos de ambientes donde puedan estar expuestos al consumo de sustancias.

Enríquez Báez también se refirió al debate sobre la participación de Estados Unidos en las estrategias contra el narcotráfico en México y al uso del concepto de “narcoterrorismo”, señalando que este tema debe analizarse desde una perspectiva histórica y sociológica, considerando las circunstancias que han acompañado al fenómeno del narcotráfico durante décadas.

Sin embargo, consideró que más allá de las discusiones políticas o de las definiciones utilizadas para describir a las organizaciones criminales, existe una problemática que no puede ignorarse: el consumo de drogas y las consecuencias que está generando entre la población.

El sacerdote subrayó que el mayor desafío consiste en evitar que las nuevas generaciones normalicen el consumo de sustancias o consideren que las drogas forman parte habitual de su entorno.

Ante este escenario, llamó a fortalecer las campañas de prevención y a promover una mayor comunicación entre padres e hijos, además de facilitar el acceso a atención profesional para quienes ya enfrentan algún problema de consumo.

Finalmente, el vocero diocesano sostuvo que prevenir las adicciones también significa trabajar por la paz y la seguridad de las comunidades, pues reducir el consumo entre adolescentes y jóvenes implica atender una de las raíces de diversos conflictos sociales.

La prevención, concluyó, debe asumirse como una responsabilidad colectiva y permanente, con el objetivo de evitar que más niñas, niños, adolescentes y jóvenes queden atrapados en el consumo de sustancias y puedan desarrollar sus proyectos de vida en entornos más seguros.