LA ABUELA

Isidro Gutiérrez

Los abogados jamás deberían hacerle una pregunta a una abuela si no se encuentran preparados para la respuesta.

Durante un juicio, en un pequeño pueblo de Chiapas, llamado Tapachula… el abogado acusador llamó al estrado a su primer testigo, una mujer de avanzada edad.

El Abogado se acercó y le preguntó,

-«Sra. Saavedra, ¿sabe quién soy?»

Ella respondió:

– ‘Sí, lo conozco, Dr. Ochoa.

Lo conozco desde que era un niño y francamente le digo que usted resultó ser una gran decepción para sus padres.

Siempre miente, cree saber de todo, es muy prepotente, abusivo, engaña a su esposa y lo peor de todo, manipula a las personas.

Se cree el mejor de todos cuando en realidad no es usted nadie.

Claro está que sé quién es usted.

El Abogado estaba perplejo sin saber exactamente qué hacer. Apuntando hacia el fondo de la sala le pregunta a la Sra. Saavedra:

– ‘¿Conoce al abogado de la defensa?’

Nuevamente ella respondió,

– ‘Por supuesto.

También conozco al Dr. Loayza desde que era un niño.

Es flojo, medio marica, y tiene un problema con la bebida.

No puede tener una relación normal con nadie y es el peor Procurador del Estado.

Sin mencionar que engañó a su esposa con tres mujerzuelas diferentes.

Una de ellas era la esposa suya. ¿Recuerda?

Claro que lo conozco. Su mamá tampoco está orgullosa de él’.

El abogado de la defensa casi cae muerto.

Entonces el Juez llama a los dos abogados para que se acerquen al estrado y les dice:

-‘Si uno de ustedes, par de maricas imbéciles, le pregunta a esta señora si me conoce a mí, lo mando a la silla eléctrica.’.