Ciudad Mendoza, entre el discurso de la movilidad y la realidad de un gobierno que aún debe demostrar que no repetirá los errores del pasado

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Hablar de movilidad en Ciudad Mendoza se ha vuelto un ejercicio de retórica política, administración tras administración, promete orden, anuncia estrategias, presume coordinación con otras instancias de gobierno y ofrece soluciones que, al menos en papel, parecen suficientes para transformar la realidad, sin embargo, basta recorrer las avenidas del municipio para descubrir que el verdadero diagnóstico no está en los boletines, sino en el pavimento agrietado, en los baches que obligan a frenar de golpe, en la señalética desgastada, en los semáforos que requieren mantenimiento y en una infraestructura vial que desde hace años viene acumulando rezagos sin que nadie parezca dispuesto a atenderlos de fondo.
El reciente anuncio sobre la Delegación de Tránsito con la incorporación de diez elementos estatales puede representar un apoyo operativo, pero ningún agente, por más capacitado que esté, puede sustituir una calle en malas condiciones, ningún silbato rellena un bache, ninguna libreta de infracciones reemplaza la ausencia de señalización, ningún operativo corrige la falta de mantenimiento que durante estos años ha convertido las calles en puntos de riesgo para automovilistas, motociclistas y peatones.
La movilidad no depende únicamente del número de elementos desplegados, depende de planeación, inversión, mantenimiento y voluntad política, depende de un gobierno que entienda que dirigir el tráfico no es lo mismo que resolver los problemas que lo generan, mientras la infraestructura siga deteriorándose, cualquier incremento en el estado de fuerza será apenas un paliativo para un problema mucho más profundo.
También existe otro aspecto que tampoco puede ignorarse, el alcalde Gustavo Sánchez Ortiz, hoy encabeza una nueva administración, pero no llegó como un actor ajeno a la historia reciente del municipio, durante el gobierno anterior ocupó la Secretaría del Ayuntamiento, formando parte del mismo aparato gubernamental que hoy, inevitablemente, también es evaluado por los resultados que dejó, esa condición hace imposible construir una narrativa de ruptura absoluta con el pasado, gobernar implica asumir responsabilidades, incluso sobre las inercias heredadas de las administraciones de las que también se formó parte.
Ademas existe un tema donde la prudencia y la responsabilidad deberían ser absolutas, es precisamente en Tránsito, Ciudad Mendoza todavía carga con el peso de uno de los episodios más delicados de su historia reciente, la sentencia de cincuenta años de prisión dictada contra el exdirector de Tránsito Municipal por el delito de desaparición forzada no fue un hecho menor ni un asunto que pueda archivarse en la memoria colectiva, fue un golpe devastador para la credibilidad institucional y una muestra de las consecuencias que puede tener la ausencia de controles efectivos dentro de una corporación pública.
Mientras tanto, los problemas cotidianos siguen esperando solución, los automovilistas continúan esquivando baches, los motociclistas enfrentan superficies cada vez más deterioradas, los peatones cruzan vialidades donde la pintura prácticamente ha desaparecido, los semáforos requieren mantenimiento constante y la señalética, en muchos puntos, simplemente dejó de cumplir su función hace tiempo, esa es la verdadera fotografía de la movilidad mendocina; una imagen que difícilmente puede ocultarse.
El gobierno municipal todavía tiene tiempo para demostrar que esta etapa será distinta, pero el margen para los discursos comienza a agotarse, los ciudadanos no califican una administración por la cantidad de reuniones que sostiene ni por las fotografías que publica en redes sociales, la juzgan cada mañana, cuando salen de casa y enfrentan calles deterioradas, infraestructura abandonada y decisiones que durante años fueron postergadas.
Ciudad Mendoza no necesita que le expliquen cuáles son sus problemas; los vive todos los días, lo que espera es que alguien deje de administrarlos políticamente y empiece, de una vez por todas, a resolverlos, porque la movilidad no se construye con anuncios, se construye con obras, mantenimiento, planeación y resultados, todo lo demás termina siendo únicamente tránsito… Pero de promesas.

