Incendios forestales ponen en jaque la captación de agua en las Altas Montaña

  • María Luciana Santos Martínez, encargada de la Subdirección de Área Natural Protegida de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), advirtió que la pérdida de cobertura vegetal representa un problema ambiental que puede tener consecuencias profundas para las comunidades asentadas en las zonas serranas.

Miguel Romanillos 

#Huiloapan de Cuauhtémoc

Los incendios forestales que durante los últimos años han golpeado distintas zonas de las Altas Montañas no sólo han dejado a su paso miles de hectáreas de vegetación dañada; también están abriendo una preocupación cada vez mayor por el futuro de los bosques, la erosión de los suelos y, particularmente, por la capacidad de la región para captar y conservar agua.

María Luciana Santos Martínez, encargada de la Subdirección de Área Natural Protegida de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), advirtió que la pérdida de cobertura vegetal representa un problema ambiental que puede tener consecuencias profundas para las comunidades asentadas en las zonas serranas.

Durante las actividades de la Jornada Nacional de Reforestación, la Conanp sumó esfuerzos con el Ayuntamiento de Huiloapan de Cuauhtémoc, para recuperar espacios afectados por incendios y fortalecer áreas consideradas importantes para la captación de agua, particularmente aquellas vinculadas con manantiales.

La funcionaria recordó que 2024 fue especialmente crítico para la región, debido a la magnitud de los incendios forestales. De acuerdo con los registros de la dependencia, más de 6 mil hectáreas fueron afectadas por el fuego, con daños en diferentes tipos de vegetación.

Ante este escenario, la Conanp aportó 150 árboles de especies como nogal, liquidámbar y fresno, los cuales serán establecidos en una zona cercana a un manantial. El municipio, por su parte, incorporará otras especies para ampliar los trabajos de recuperación y contribuir a restablecer la cobertura forestal.

Santos Martínez puntualizó que plantar árboles es apenas el primer paso de una estrategia de restauración. Una reforestación puede fracasar si los ejemplares no reciben cuidados posteriores, por lo que será necesario realizar labores de limpieza de maleza, cajeteo, mantenimiento y vigilancia durante su desarrollo.

La experiencia de la Conanp, explicó, demuestra que cuando los árboles reciben un seguimiento adecuado pueden alcanzar alrededor de 90 por ciento de supervivencia, lo que permite que las jornadas de reforestación tengan un impacto real y no se conviertan únicamente en acciones simbólicas.

Las zonas que han sufrido incendios son consideradas prioritarias para la recuperación ambiental. Además de Huiloapan, se han realizado trabajos en Maltrata, mientras que se contemplan nuevas acciones en Acultzingo y otros municipios de la región, aunque su ejecución depende también de la disposición de los propietarios de los terrenos para permitir las labores de restauración.

Más allá de la pérdida de árboles, la desaparición de la vegetación modifica el comportamiento del agua en las montañas. Los bosques ayudan a retener humedad, favorecen la infiltración del agua hacia el subsuelo y protegen la tierra frente al impacto de las lluvias. Cuando esa cobertura desaparece, el suelo queda expuesto y aumenta el riesgo de erosión, particularmente en terrenos con pendientes pronunciadas.

La representante de la Conanp señaló que habitantes de diversas comunidades, principalmente de Maltrata y otros puntos de la zona serrana, ya han expresado preocupación por la disminución del caudal de algunos manantiales.

Aunque los efectos más graves de la pérdida de cobertura forestal pueden manifestarse de manera gradual, advirtió que no se debe esperar a que el problema alcance niveles críticos para comenzar a actuar. La recuperación de un bosque requiere años, mientras que la pérdida de vegetación puede producirse en cuestión de horas durante un incendio.

Otro de los factores que genera preocupación son las condiciones climáticas cada vez más extremas. Santos Martínez explicó que las lluvias pueden favorecer temporalmente el crecimiento de pastos y otra vegetación, pero durante posteriores periodos prolongados de sequía esa materia orgánica seca puede convertirse en combustible y facilitar la propagación de nuevos incendios.

Ante ello, hizo un llamado a la población a extremar precauciones y evitar prácticas que puedan desencadenar incendios, entre ellas la quema de basura y otras actividades realizadas al aire libre durante las temporadas de mayor temperatura y sequedad.

El riesgo, señaló, no termina cuando las llamas se extinguen. Después del incendio queda material vegetal seco, suelo expuesto y una cobertura forestal debilitada, condiciones que pueden facilitar nuevos siniestros y acelerar el deterioro de los ecosistemas.

La conservación de las zonas boscosas de las Altas Montañas, sostuvo, debe entenderse como una tarea que involucra a autoridades, comunidades, propietarios de terrenos y ciudadanía, pues de la salud de estos ecosistemas depende también la disponibilidad futura de agua.

En este sentido, la reforestación representa una de las herramientas para recuperar las áreas dañadas, pero debe acompañarse de prevención, vigilancia, mantenimiento y protección permanente de los ejemplares plantados.

El llamado es a mirar el problema más allá del árbol que se pierde. Cada hectárea consumida por el fuego significa también una superficie menos capaz de retener humedad, proteger el suelo y contribuir al ciclo natural del agua. En una región donde los manantiales abastecen a numerosas comunidades, la defensa de los bosques se convierte, en consecuencia, en una defensa directa del agua y del futuro de las propias poblaciones de las Altas Montañas.