Productores agrícolas enfrentan ganancias reducidas por el encarecimiento de insumos y la comercialización

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La rentabilidad del campo mexicano enfrenta un escenario complicado, marcado por el aumento de los gastos de producción y los bajos precios que reciben los agricultores por sus cosechas, una situación que limita los beneficios económicos de un sector con importante presencia en el comercio internacional.
Así lo expuso la doctora Lucie Crespo Stupkova, economista agrícola de la Unidad Académica de Estudios Regionales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con sede en Jiquilpan, Michoacán, quien señaló que el problema no radica únicamente en producir, sino en las condiciones bajo las cuales se comercializan los productos.
Explicó que diversas cosechas mexicanas están sujetas a cotizaciones internacionales que no siempre se traducen en mejores ingresos para quienes trabajan la tierra. Como referencia, mencionó el aguacate de Michoacán, cuyo precio pagado al agricultor ha llegado a rondar los 15 pesos por kilogramo, pese a que en el mercado estadounidense alcanza valores mucho más elevados. Una situación semejante se presenta con las berries de exportación.
En el caso de la producción cafetalera, particularmente en la región de Zongolica, la especialista indicó que incluso los granos de especialidad dependen de los movimientos financieros de las bolsas de Chicago y Londres, factores externos que terminan influyendo en el pago que reciben los productores.
Otro elemento que ha complicado la actividad agrícola es el incremento de los insumos. Los fertilizantes registraron fuertes aumentos después del inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania, mientras que las afectaciones logísticas derivadas de la pandemia provocaron retrasos en el suministro de mercancías, saturación de puertos y dificultades para conseguir contenedores.
A estos factores se agregan los gastos por contratación de trabajadores, particularmente en cultivos como el aguacate, el café y las berries, cuya producción demanda una importante cantidad de mano de obra.
Crespo Stupkova también señaló que el comercio exterior tiene un peso relevante en la economía agrícola nacional, aunque advirtió que es necesario revisar cómo se distribuyen los beneficios dentro de las cadenas productivas.
Al referirse al café, explicó que México produce principalmente la variedad arábica, reconocida por su calidad y valor comercial, buena parte de la cual se destina a otros países. Sin embargo, el consumo nacional está fuertemente vinculado al café soluble, elaborado principalmente con robusta, variedad que no se produce en cantidades suficientes en territorio mexicano y que obliga a recurrir a importaciones de países como Brasil y Vietnam.
Ante este panorama, consideró necesario fortalecer el mercado interno y promover una mayor valoración de los productos nacionales. Como ejemplo mencionó las berries, cuyo consumo en México ha crecido gradualmente después de que durante años su comercialización estuvo enfocada principalmente en el extranjero.
Finalmente, la investigadora planteó que el análisis del sector agroalimentario debe contemplar no solamente los aspectos económicos, sino también las repercusiones sociales y ambientales de los distintos sistemas de producción. Sostuvo que cada cadena agrícola tiene condiciones particulares, por lo que las alternativas para mejorar los ingresos y la rentabilidad deben responder a las necesidades específicas de sus productores.