Cuando el último glaciar de México muera, el problema no terminará en la montaña
- A más de 5 mil metros de altura, donde alguna vez dominaron extensas superficies de hielo, hoy aparecen grietas, cavidades y zonas cada vez más expuestas de roca. El agua del deshielo cae lentamente y se abre camino montaña abajo.

Miguel Romanillos
#Orizaba
El hielo se está acabando en la cima del Pico de Orizaba y México está perdiendo algo más que un paisaje. El glaciar Jamapa, el último que sobrevive en territorio nacional, agoniza frente a los ojos de quienes durante décadas han recorrido la montaña. Su desaparición será una de las señales más contundentes de que el cambio climático dejó de ser una amenaza lejana para convertirse en una realidad que ya está alterando el agua, los bosques, las comunidades y los ecosistemas de Veracruz.
A más de 5 mil metros de altura, donde alguna vez dominaron extensas superficies de hielo, hoy aparecen grietas, cavidades y zonas cada vez más expuestas de roca. El agua del deshielo cae lentamente y se abre camino montaña abajo.
Ese pequeño hilo de agua parece insignificante frente a la inmensidad del Citlaltépetl. No lo es. Es el inicio de un recorrido que conecta la montaña con las comunidades de la región, las tierras agrícolas, las zonas industriales y finalmente el Golfo de México.
El montañista Hilario Álvarez, quien pisó por primera vez la cumbre del Pico de Orizaba cuando tenía apenas 13 años, ha visto desaparecer prácticamente todos los glaciares que alguna vez cubrieron la montaña. Hoy observa cómo el último también se reduce. La diferencia entre el pasado y el presente ya no necesita explicaciones científicas para quienes han vivido la montaña durante décadas: el hielo es menos, más delgado y está cada vez más amenazado.
Un estudio publicado en 2024 por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México documentó el acelerado retroceso del glaciar Jamapa. La superficie registrada pasó de 0.46 kilómetros cuadrados en 2019 a apenas 0.37 kilómetros cuadrados en 2024. El dato puede parecer pequeño sobre el papel, pero representa una transformación profunda.
El calentamiento está desplazando hacia arriba las condiciones necesarias para que el hielo pueda acumularse y sobrevivir. La llamada línea de equilibrio del glaciar continúa elevándose y, de mantenerse esta tendencia, el Jamapa podría fragmentarse en diferentes cuerpos de hielo. La pregunta ya no es solamente cuándo desaparecerá. La pregunta es qué ocurrirá después.
Porque cuando el glaciar deje de funcionar como tal, también cambiará la manera en que el agua llega a la cuenca del Jamapa.
El calentamiento no llega solo. La deforestación y la tala ilegal agravan el deterioro de un ecosistema que cumple una función fundamental en la captación y regulación del agua.
En las laderas del Parque Nacional Pico de Orizaba existen rutas clandestinas utilizadas para sacar madera. La pérdida de árboles significa perder también una barrera natural contra la erosión, los escurrimientos y los deslaves.
Y cuando la montaña pierde hielo y bosque al mismo tiempo, las consecuencias pueden multiplicarse. Las lluvias intensas provocan corrientes de lodo, piedras y agua que descienden con fuerza por las laderas. Lo que ocurre arriba termina afectando abajo. Es una cadena ambiental que no reconoce límites municipales.
El río Jamapa atraviesa territorios donde miles de personas dependen directamente de su disponibilidad de agua. En las comunidades asentadas en las partes altas de la cuenca, la pobreza y la vulnerabilidad ambiental se encuentran frente a frente. Para muchas familias, el río no es un concepto geográfico ni una estadística, es la fuente que permite satisfacer necesidades básicas y sostener actividades productivas.
Si el régimen del río cambia, también tendrán que cambiar las comunidades. Los especialistas advierten que la cuenca baja podría enfrentar una mayor dependencia de las lluvias y una menor disponibilidad de agua proveniente del deshielo. Eso podría obligar a incrementar el bombeo, reducir consumos y buscar mecanismos de reutilización.
El problema es que adaptarse cuesta. Y quienes menos recursos tienen suelen ser quienes pagan primero las consecuencias de las crisis ambientales.
El Jamapa continúa su recorrido hasta encontrarse con el Golfo de México. Su desembocadura se encuentra vinculada con el Sistema Arrecifal Veracruzano, uno de los ecosistemas marinos más importantes de la región.
Durante miles de años, montaña, río y mar han formado parte de un mismo sistema. Por eso la muerte del glaciar no puede analizarse como un fenómeno aislado.
Menos hielo significa cambios en el agua. Cambios en el agua significan modificaciones en la cuenca. Y esas modificaciones pueden terminar repercutiendo en los ecosistemas costeros. Los arrecifes también reciben las señales de lo que está ocurriendo en las alturas.
El caso del Jamapa debería obligar a una reflexión mucho más incómoda, ¿qué estamos haciendo mientras desaparece el último glaciar de México?
No se trata únicamente de salvar hielo. Se trata de conservar agua, proteger los bosques, evitar que las montañas sean saqueadas, garantizar el suministro para las comunidades y defender los ecosistemas marinos.
Durante décadas, el cambio climático fue presentado como un problema del futuro. El glaciar Jamapa demuestra que ese futuro ya llegó.
Mientras el hielo desaparece centímetro a centímetro, la montaña está enviando un mensaje que debería ser imposible ignorar.
El último glaciar de México no está solamente desapareciendo. Está anunciando lo que puede ocurrir con el agua y con los ecosistemas que dependen de ella.
Hilario Álvarez todavía puede volver a subir al Citlaltépetl.
La verdadera incertidumbre es otra: cuando vuelva, ¿seguirá encontrando un glaciar?

