SOBRE RECUPERACIÓN DEL MEDIO AMBIENTE, QUÉ SE HACE

60 SEGUNDOS

RAÚL GONZÁLEZ RIVERA 

SOBRE RECUPERACIÓN DEL MEDIO AMBIENTE, QUÉ SE HACE

            En reciente programa televisivo, el doctor José Sarukhán, experto en materia de medio ambiente, subrayaba su dicho en el sentido de que cada año en este país se pierden entre 650 y 700 hectáreas de bosques y selvas.

            Lo que sumado al pronóstico realizado por los agrónomos de la Universidad Autónoma de Chapingo, la cual al arrancar el siglo XXI apuntó que en los últimos 50 años se han perdido 40 millones de hectáreas de bosques en el país, lo cual representa el 20 por ciento del suelo nacional, augura una catástrofe de no actuarse, cuando se exhiben las cifras de manera científica.

            Nomás en torno a Xalapa, el bosque de neblina se va extinguiendo y ninguna autoridad del pasado reciente hizo algo para detenerla. Ecologistas y estudiosos de la biología y botánica alguna vez calificaron que dichos bosques representaban la formación vegetal más diversa en el país.

            Y de siempre, los científicos y expertos en materia de medio ambiente han dicho que las actividades que se desarrollan en mentideros de la agricultura, la ganadería, la desforestación y el crecimiento urbano con un absoluto desorden, paralelo a la tala inmoderada, simplemente van aniquilando la vida buena de un medio ambiente que debiera ser sano.

            La pregunta que surge a la luz de los hechos es saber si a ciencia cierta y con todo el conocimiento de la tragedia que se cierne en el país y en torno a la ciudad capital del estado de Veracruz, se ha preparado o se promueve la transformación de un escenario bajo un ambiente viciado, enrarecido y con consecuencias, que pudieran ser fatalistas para la especie humana.

            Por supuesto que se han aplicado políticas de recuperación del medio ambiente, sobre todo en los últimos 2 ó 3 años, pero con resultados pírricos, debido a que los funcionarios públicos son transitorios, trabajan solamente para saciar apetitos políticos, mientras dura su encargo, pero sin tratar de avizorar lo que habrá de ocurrir en el porvenir inmediato, inclusive.

            Aun en el caso de los espacios donde se levantan edificaciones propias de los fraccionamientos mejor urbanizados, las áreas que por ley debieran quedar para completar dichos predios con sus reservas ecológicas, éstas acaban siendo invadidas.

            Aquí, en colindancia con la avenida Araucarias, como parte del fraccionamiento Indeco Popular Ánimas, un ex gobernador amagaba con construir allí un hospital privado, precisamente con la afectación a la reserva ecológica del lugar, pero que valientemente un puñado de vecinos se opuso y aunque a regañadientes continúan aferrados en la defensa de su área supuestamente aireada con árboles y sin edificaciones.

            Por cierto, ex alcaldes corruptos permitieron que dicho fraccionamiento, el cual en su apertura fue autorizado única y exclusivamente para construir viviendas, lo que firmarían en el acta constitutiva, el gobierno de Rafael Hernández Ochoa y el INDECO, que a la sazón dirigía el extinto arquitecto Ricardo Arenas Leetch.

            Lamentablemente, con la conclusión del sexenio estatal de RHO y la desaparición de Arenas Leetch, pudo más la corrupción y sin ton ni son los ediles de diferentes trienios cayeron en la cuenta de aprobar proyectos cargados de fuertes dosis de tráfico de influencias y corruptelas para abrir negocios y no precisamente casas-habitación.

Consecuentemente, lo anterior atrajo una grave contaminación visual, de imagen, auditiva y del aire que se respira en una zona, ahora expuesta por añadidura a la constante de los robos y atracos a mano armada, que exhiben con sus denuncias públicas y en instancias judiciales, comerciantes y pequeños empresarios, sobre todo. 

LO MEJOR, QUE AMLO NO FUERA A ESTADOS UNIDOS

            En días como los que corren, de pandemia, de problemas graves que mantienen al presidente Donald Trump contra las cuerdas del cuadrilátero de la política de xenofobia que mantiene en detrimento de la estancia de 34 millones de inmigrantes mexicanos y la constante de ataques a los pueblos latinoamericanos, lo más conveniente sería que el presidente Andrés Manuel López Obrador no fuera a territorio estadounidense, como ya hizo el anuncio apenas la semana pasada.

            Es cierto que la diplomacia ha podido conseguir con el orangután yanqui, lo que no logró el último presidente priista Enrique Peña Nieto, al cual el magnate ni siquiera quiso recibirle jamás una llamada telefónica.

            Tersa, suave y afectuosa ha sido la política utilizada por México, en esta nueva etapa de las relaciones diplomáticas bilaterales con el coloso vecino del norte.

            Nunca dichas relaciones han sido de hermanos ni de amigos. Son y seguirán siendo de socios, pero el Tío Sam siendo inteligente, jamás buscará otro pleito con la nación azteca, porque es su principal cliente y consumidor de su más amplia producción de artículos de consumo básico y generalizado. La invasión que les hizo pasar una vergüenza continental, el guerrillero Pancho Villa, seguramente quedó por allí reservada en los libros de los recuerdos para la historia.

            El trato que da el presidente AMLO es terso, a la alta escuela de la diplomacia, rehuyendo al choque y buscando la franca armonía. Y qué bueno. El magnate Donald Trump suele demostrar con el ejemplo, como se trata a los adversarios del Tío Sam. Su desdén hacia Venezuela. Su rechazo a Bolivia y su amenaza creciente contra Cuba; el odio con que exhibe a Irán, amén de las luchas que mantiene en el interior de la Unión Americana para aplastar a los inmigrantes indocumentados, a sus adversarios políticos y a los demócratas, pintan de cuerpo entero a un verdadero tigre dispuesto a destruir y buscar quien se la pague, así nomás.

            México, a ciencia cierta, no tiene nada que agradecerle al Tío Sam, si recibe el trato de un consumidor y cliente de su producción. Y si en esta pandemia, el señor Trump consiguió ventiladores y otros insumos médicos que le solicitó este país, lo hizo como fabricante y vendedor, porque México le pagó y bien la dotación, que no donación.

            Por el contrario, bajo el escenario de que políticamente el señor Trump pudiera ratificar su triunfo como candidato presidencial, enhorabuena, ya se construyó un puente para cruzarlo México y que además de sus autoridades, hay en principio 12 millones de migrantes que sufren el desprecio de la Casa Blanca. Cómo revertirlo, si todo hace suponer que con sus actos el Tío Sam confirma su desprecio hacia la condición humana de quienes no son originalmente nativos de suelo gringo.

            Empero, Estados Unidos cuenta con una población al 50 por ciento que discrepa del régimen republicano y toda una historia de reproches y la constante de amenazas demostrando así que la vecindad azteca le molesta de corazón. Socios forzados, seguramente, pero amigos o hermanos, ni en sueños.

            El presidente López Obrador está haciendo bien su papel, acabando con ismos y otras lacras que tanto enturbiaron la vida nacional, no tiene necesidad de ir a Estados Unidos a agradecerle nada, en este momento. Mexicanos de todos los rumbos, así lo consideran. Al tiempo. 

SIN HISTORIA NI LITERATURA, JÓVENES IGNORAN A LA PATRIA

            Todavía hasta el sexenio presidencial de don Adolfo López Mateos, los menores escolares sentían realmente a la patria.

            Los colores de la Bandera eran homenajeados en serio. Al toque de corneta y el repiquetear de los tambores, los niños de aquellos días, en sus escuelas, sentían que les iba el corazón al interpretar las notas del Himno Nacional.

            Estaban presentes las gestas de Hidalgo en la lucha de Independencia y sin duda, ya entrados en el siglo XX, las gestas de los líderes de la guerrilla Pancho Villa y Emiliano Zapata provocaban un embeleso muy significativo en los menores que asistían no solo a las escuelas primarias, sino de aquellos que cursaban la secundaria y hasta la preparatoria.

            Por supuesto, al margen de los actos cívicos que se celebraban en honor de los símbolos patrios en los planteles educativos, se tienen que añadir las lecturas de los principales escritores como Martín Luis Guzmán o los textos de la historia nacional de don Jesús Silva Herzog. Lecturas cuasi obligadas para que el menor entendiera y sintiera alguna pasión a través de los libros por la patria azteca.

            El mexicano de los años iniciales del siglo XX tenía metido en las entrañas el amor a México y sus luchas. Para nadie eran desconocidos los héroes del México Independiente, como los pensadores de la Reforma. Por supuesto, la dictadura de Porfirio Díaz tuvo con sus blanco y negro, y quizá los 34 años de ejercer el poder, le habría quitado de antemano al general formado en la batalla armada el carácter que solamente ganaron los libertadores de la Nación.

            Francisco I. Madero y los legendarios guerrilleros Zapata y Villa generarían que se escribieran obras completas sobre sus hazañas, en aras de hacer del país una nación libre e independiente, los cuales además cultivaban el talento y enriquecían la condición intelectual de mexicanos que, en serio, amaban a su patria.

            En el México posrevolucionario, ya encarrilado el país, por la ruta marcada por el uni-partido creado por don Plutarco Elías Calles, todavía los presidentes Lázaro Cárdenas, Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos le imprimieron a sus mandatos el cariño a la patria y millones seguramente de mexicanos, hasta ese entonces sentían en sus entrañas, el que todos los habitantes de este país vivieran unidos, en franca armonía y celosos de guardar la consideración y respeto a las instituciones públicas.

            En efecto, así trascurrieron decenios, sin embargo algo pasó que en la escuela se hicieron a un lado los valores históricos que los ancestros heredaron a las generaciones forjadas entrados los años 40 y 50. En qué momento se perdió la lectura por la historia nacional, que los principios culturales pasaron a un segundo plano, quién sabe.

            Sobrevino la era por la conquista de los honores anteponiendo principios históricos y educativos, obteniendo el dinero fácil, la chamba política para robar y jamás abordar el tema de la historia y la cultura que podrían llevar a valorar el sentimiento patrio, porque éste, ya no satisfizo a generaciones enteras, que jamás abrieron un texto que no fuera a media luz, el que les ayudara a obtener un título profesional, cualquiera, no para servir a los demás, sino servirse a sí mismo. 

            La pérdida de los valores que dieron precisamente patria a los mexicanos, son ignorados por mayorías aplastantes, sencillamente porque se dejaron de inculcar en el hogar y la escuela, así que remontar y arraigarlos de nueva cuenta, seguramente va a llevarse quién sabe a cuántas generaciones por delante. Es todo.