El cuento

Eduardo Cerecedo*

Con el tiempo, el puente se ha derruido, han traído de Gutiérrez Zamora a trabajadores, albañiles jóvenes que se quedan toda la semana a trabajar y los sábados por las tardes regresan a sus lugares de origen. En Boca de Lima así ha comenzado una nueva etapa, aparecen los asaltos, los robos a los pobladores, entran en las casas, se llevan hasta la ropa tendida en los mecates que sirven de tendederos, se ve que estudian a sus víctimas, porque lo hacen cuando los caseros están fuera, ya sea por el trabajo o por compromisos sociales, la cosa es que eso ocurre. Los albañiles jóvenes y no tanto, se la pasan sobre la construcción, mirando la luna o imaginándola cuando las nubes hacen lo propio, fuman una hierba, en forma de cigarrillos y la gente qué sabe de esto, dicen que es mariguana. Se ha terminado la construcción del puente y los fuereños se han quedado en Boca, ahora una nueva población habita las calles, los baldíos, mientras; ellos desperdician su vida, otros les sigues sus pasos. Buscando donde no deben meter la cabeza.

El río ha crecido, bajó de sopetón el agua,  sin que lloviera y los que dormían, seguramente llegaron al mar a eso de la madrugada. Bien hinchados, carcomidos por los peces y cangrejos.

*Del libro Razón de ser, testimonio, de Eduardo Cerecedo, Aún inédito.