Javier Camarena hornea su nuevo proyecto

  • El tenor Mexicano dedica su tiempo en la pandemia a cocinar, pintar al óleo y alista su debut en la ópera La flauta mágica, bajo la batuta de Gustavo Dudamel.

CIUDAD DE MÉXICO.

La pandemia llevó a Javier Camarena (Xalapa, 1976) a tomar clases de pintura al óleo y a profundizar en las artes de la panadería. Así que mientras estudia para sus próximas presentaciones en Murcia, Oviedo y Barcelona, el tenor hornea conchas, panqués y se enfrenta al lienzo.

En entrevista, también habla del reto que le impondrá la interpretación de Tamino, en 2022, en su debut en la ópera La flauta mágica, de W.A. Mozart, bajo la batuta de Gustavo Dudamel.

Primero, la panadería: “En este tiempo nos metimos mucho a la cocina porque, al estar lejos de México, una de las cosas que más extrañamos es el pan dulce. Así que aprendí a hacer conchas, con mi esposa, mantecadas y panqués. Desde antes ya preparábamos postres, pero nunca nos habíamos metido a la panadería”, expresa con una risa de complicidad.

Luego, la pintura: “Y en los últimos meses, después del proyecto con Lore Watty y la canción de Francisco Céspedes Nadie como tú, conocí a su hermana Ingrid, quien es una excelente maestra de pintura y entonces ahora estoy haciendo una de las cosas que quería desde hace mucho tiempo: pintar al óleo”.

¿Canta mientras pinta u hornea?, se le pregunta. “Cuando lo único que necesito es repasar o memorizar algo que ya estudié, es el momento en que escucho diferentes versiones de lo que tengo que cantar. Entonces armo una playlist y la escucho mientras cocino; es una forma de repasar y memorizar.

“Empecé a pintar en el último mes y medio y hago lo mismo: pongo la música, repaso y memorizo a la par. Es reconfortante (pintar) porque es algo que va de la mano con mi trabajo”, abunda.

Camarena también habla de su próximo debut en el Gran Teatre del Liceu, de Barcelona, programado para 2022, cuando protagonice La flauta mágica.

“Yo juraba e hiperjuraba que jamás cantaría La flauta mágica, porque había algo que no me gustaba. Y aunque el rol no tiene la explosividad o la euforia de La hija del regimiento y del aria Ah! mes amis, quel jour de fête, ahora lo veo muy interesante”.

Y agrega: “Digamos que en ésta no cantaré notas tan agudas y podría parecer un personaje sobrio, pero tiene que ver con mi madurez y cómo percibir o apreciar la música y mi deseo de interpretación, porque Ah! mes amis, quel jour de fête es súper impactante y da la posibilidad de hacer agudos y lucirte de esa manera”.

Pero La flauta mágica ofrece una posibilidad interpretativa de mucho interés y profundidad, reconoce. “Además es uno de los compositores que son exageradamente técnicos al momento de cantar y no deja de ser exageradamente exigente, y a esto se suma la idea de colaborar con Gustavo, que es algo que ambos ya habíamos planteado en algún momento y se cristalizará al fin en este proyecto en El Liceu”.

¿Qué tan cerca está Tamino de su personalidad? “Ahora mismo me quedo con esa escena de las pruebas que se le imponen al personaje, en la que no importa qué es lo que pase, él no puede hablar con la mujer que ama.

“Ésa es una de las pruebas y esa convicción que lo lleva a superarla, aunque le duela, es una de las cosas con las que me quedo, porque en parte soy así, en el sentido de que cuando me fijo un objetivo o una prueba tengo que ir y superarlo”, explica.

¿Qué tan cerca observa la vieja normalidad en conciertos y recitales de Europa?, se le pregunta. “La situación en el mundo va poco a poco. España ha sido puntero y es de los pocos países, si no es que el único, que ha conservado la actividad cultural durante la pandemia. Y hoy, con las campañas de vacunación, se ve un panorama más optimista para el resto del año.

“Hay países como Francia, Suiza y Alemania que empezarán a retomar actividades. En Suiza, donde vivo, ya abrieron museos y restaurantes en espacios abiertos, y los teatros iniciarán su actividad con el aforo limitado, con las medidas de precaución… pero la normalidad a la que estábamos acostumbrados (antes de covid-19), yo creo que falta un buen rato para que lleguemos y para retomar la confianza en nosotros mismos”, comenta.

Agradece al público
Javier Camarena también se refiere a las transmisiones en vivo que a menudo hace en sus redes sociales, en las que improvisa pequeños recitales dedicados a sus seguidores.

“Es una forma de agradecer, porque siempre he considerado a las redes sociales como una herramienta de cercanía con el público, incluso un poco con la idea de captar nuevos públicos, como con el miniconcierto de Cri-Cri que hice este año en Instagram para acercarlos un poco a una realidad menos comercial y a una diferente apreciación estética de la música”.

Sobre todo, explica, “la posibilidad de cercanía y para expresar de una manera más directa toda la gratitud que siento por tanto apoyo y tantas muestras de cariño que me llegan. Es algo que siempre he tomado en cuenta y cada vez que tengo la oportunidad de hacerlo lo hago con mucho gusto”, concluye.