EL CIUDADANO

“La primera oportunidad se da, la segunda se gana y la tercera no existe”. ANÓNIMO

Hola, estimado lector, lo saludo cordialmente, este día martes 23 de agosto del 2022, LA VIDA ES BELLA, que le parece la frase citada al rubro, jamás pierdan una oportunidad y continuando nos nuestro cuento “LA ISLA DE LOS NÁUFRAGOS”, del escritor LOUIS EVEN, resulta que además de la opinión de Jaime de mejorar el rebaño medio salvaje y tener un buen rendimiento, nuestro personaje Pablo comenta que el suelo de la isla tiene grandes ventajas para obtener cultivos y por su parte Enrique que como recordaremos es agricultor, comenta que ha descubierto árboles frutales, de los cuales espera obtener gran provecho y por su parte Francisco ha notado que existen bellas extensiones forestales, maderas de toda especie, diciendo: será un trabajo jugoso para todos cortar esos árboles y construir casas y muebles para nuestra pequeña colonia. Finalmente, Tomás el geólogo, le ha interesado la parte más rocosa de la Isla. Ha notado ahí un subsuelo rico en minerales. A pesar de la ausencia de herramientas perfeccionadas, Tomás con la ayuda de los temas y con su conocimiento tiene la posibilidad de transformar el mineral en metales útiles. Parece un sueño, que cada uno podrá entregarse a sus ocupaciones favoritas, para bien de todos. Y alabar a la providencia por el desenlace relativamente feliz de lo que podía haber sigo una gran tragedia.

Le invito a que imaginemos a nuestros personajes trabajando cada uno en lo que le gusta y sabe hacer, a esto le llamaremos LAS VERDADERAS RIQUEZAS, Ahí tenemos a nuestros personajes manos a la obra. Las casas y los muebles proceden del trabajo del carpintero. Al inicio, cada uno se contentaba con una comida primitiva. Pero pasado el tiempo y con el trabajo, los campos producen y el cultivador tiene cosechas. A medida que las estaciones pasan, el patrimonio de la isla se enriquece, no de oro o papel grabado, sino de las verdaderas riquezas, de las cosas que nutren y visten, que alojan, que responden a sus necesidades. La vida no es siempre tan dulce como ellos desearían. Les faltaba muchas cosas a las cuales estaban acostumbrados en la “civilización”, pero su suerte pudiera ser mucho más triste. De todas maneras, ya han conocido tiempos de crisis en su país. Se acuerdan de las necesidades padecidas, mientras las tiendas estaban repletas a diez pasos de su puerta. Al menos en la Isla de los náufragos, nadie les condena a ver pudrirse bajo sus ojos, cosas que podrían necesitar. Además, los impuestos son desconocidos. Las quiebras no se temen. Si el trabajo es a veces duro, por lo menos se tiene el derecho de gozar de los frutos de su esfuerzo. En definitiva, explotan todos los recursos de la isla, dando gracias a Dios cada día que ahí sobreviven, esperando que un día encuentren de nuevo parientes y amigos, habiendo conservado hasta ese momento dos grandes bienes que es LA VIDA Y LA SALUD.

Nuestros personajes se reúnen frecuentemente para hablar de sus quehaceres y proyectos. En el sistema económico muy simplificado que ellos practican, una cosa les inquieta cada vez más y es a su juicio que no tienen ninguna moneda. El trueque, el intercambio directo de productos con productos, tiene sus inconvenientes. Los productos por intercambiar, no están siempre frente a frente al mismo tiempo. Por ejemplo, la madera entregada al cultivador en invierno no podrá ser cambiada por legumbres antes de seis meses. A veces de trata, además de un artículo grande, el cual se quisiera intercambiar por diferentes cosas pequeñas producidas por los demás, en épocas diferentes. Todo esto complica los negocios y pensaron que las cosas serían diferentes, si hubiera dinero en circulación, espero que te esté interesando nuestro cuento de Louis Even. Hasta la próxima.