Presencia mineral en los cuentos de Giovanna Rivero

  • La escritora boliviana da vida, en Tierra fresca de su tumba, a personajes llevados al límite, y a madres irreverentes.

CIUDAD DE MÉXICO.

Con Tierra fresca de su tumba, la escritora Giovanna Rivero vuelve a la “calibración cuidadosa de las intensidades” que representa el cuento, género en el que la boliviana ha pergeñado solventes tramas y atmósferas innovadoras.

Son seis los relatos que componen el universo de este libro, donde los personajes se encuentran anclados en la tierra y el telón de fondo es la insólita provincia de su país natal.

En entrevista con Excélsior, Rivero (1972) da cuenta de su proceso creativo en este título, así como de su fascinación por narrar. “En la mayoría de estos cuentos persiste esa presencia mineral de la tierra como materia preciosa que dignifica a un cadáver, que reutiliza los remanentes orgánicos de su vida. Esa pulsión vital, incluso en la muerte, es lo que se concentra en Tierra fresca de su tumba”, afirma.

En cada uno de los cuentos –La mansedumbre, Pez, tortuga, buitre, Cuando llueve parece humano, Socorro, Piel de asno y Hermano ciervo–, se establece una relación simbólica cuerpo/mente; es decir, cada protagonista, personajes llevados al límite, es la representación de un cambio físico, por ende, interno.

Al respecto, Rivero reconoce que le interesa trabajar las metamorfosis que sufren los personajes a nivel corporal, de carne. “Creo que allí, en ese nivel celular sobre el que hay poco control, funciona otra conciencia con su propia lucidez. Y, en este sentido, me conmueve y convoca mucho la idea o la intuición de que nuestra metamorfosis más radical es la cadaverización.

La zona sagrada de la muerte es algo en lo que mis personajes intentan irrumpir con la extraña esperanza de encontrar allí respuestas importantes a aquello que los atormenta”, afirma.

Dos elementos persisten en Tierra fresca de su tumba: la génesis familiar (como origen y destino) y la elección de sus protagonistas a ser madres. “La familia es el laboratorio antropológico por excelencia. Es el primer lugar de experimentación al que podamos tener acceso; en sus ‘tubos de ensayo’ mezclamos variables humanas y activamos respuestas insospechadas.

Mis personajes forman sus primeros mapas psicológicos en ese espacio; pero el relato sucede en el momento en que se encuentran con el mundo. Mis cuentos se interesan mucho por esa segunda individuación de la que hablaba Gustav Jung.

En cuanto al asunto de la maternidad, me remite a la metamorfosis. La maternidad biológica implica ya una violencia; pues un proceso orgánico, por muy natural que sea, no se desentiende de su dinámica violenta, sino todo lo contrario, sucede gracias a esa violencia”, agrega.

La narradora confiesa que en sus cuentos intenta “tender ese puente dialéctico entre el cuerpo desconocido, amniótico, que avanza desde la interioridad y finalmente se impone como un ‘otro’; y, ese momento en que una subjetividad se enfrenta a una suerte de decisión existencial entre el devenir en madre y nacer a ese nuevo estatuto, junto a la criatura parida o adoptada o acogida, o cortar el cordón umbilical y correr por flujos radicalmente individuales. Las madres de este libro están, creo, en ese umbral”, dice.

PASIÓN POR NARRAR

Cuentista y novelista, Rivero esboza en estos relatos una gran potencia expresiva, en donde se recrea la arquitectura visual de un medio ambiente de provincia.

Al cuestionarla sobre su proceso creativo, no duda en reconocer que le apasiona narrar. “Ir levantando los árboles, las montañas, los esqueletos de los personajes. Pienso la narración de una historia –cuento o novela– como una muestra de la vida.

Mis cuentos tienen la ambición o el latido de la novela, porque cada personaje, pienso, contiene otras posibilidades dramáticas que el lector podría continuar desarrollando y que yo decido contener en algunas páginas”, señala.

Publicado en medio de la pandemia del coronavirus, Tierra fresca de su tumba se une al panorama de la literatura boliviana. Respecto a la actualidad de las letras del país sudamericano, admite que cree más en la heterogeneidad que en los superlativos.

Cada escritura que trabaja arriesgadamente, venciendo el temor, entrega el tejido singular de un mundo y nadie más podría hacerlo de esa manera. La reciente narrativa boliviana está componiendo un gran fresco sobre esta Bolivia tan misteriosa y sobrecogedora”, concluye la cuentista.