DESATINOCRACIA

DESATINOCRACIA

Por Juan Baizabal

A través de los años, hemos descubierto que, la clase política mexicana se distingue por dos grandes errores, mismos que se cometen una y otra vez, sin importar el tiempo, la circunstancia, ni la ideología o partido político, en su mayoría toda es igual; estos errores son, la mentira discursiva y el lavado de activos.

La mentira, ese doble discurso que cada día escuchamos y leemos con mayor frecuencia, que satura los titulares de los diferentes medios de comunicación; esa demagogia política-electorera que he llevado al triunfo y que mantiene en el poder a muchos gobernantes, pero también, a la derrota y a la banca, a otros cuantos más.

Mientras que, el segundo error, corresponde a uno de tipo penal. El lavado de activos o comúnmente llamado lavado de dinero, es aquel proceso a través del cual es encubierto el origen de los fondos generados mediante el ejercicio de algunas actividades ilegales o criminales (CNBV, 2022). Entre estas actividades ilegales encontramos la corrupción, el desvío de dinero y el conflicto de intereses familiares.

El lavado de dinero es usado con el objetivo de aparentar que los fondos o activos obtenidos a través de las actividades ilícitas aparezcan como el fruto de actividades legítimas y circulen sin problema en el sistema financiero (CNBV, 2022).

En nuestro Código Penal Federal, el delito de lavado de activos, lo encontramos en el artículo 400 Bis: “Se impondrá de cinco a quince años de prisión y de mil a cinco mil días multa al que, por sí o por interpósita persona realice cualquiera de las siguientes conductas:

I. Adquiera, enajene, administre, custodie, posea, cambie, convierta, deposite, retire, dé o reciba por cualquier motivo, invierta, traspase, transporte o transfiera, dentro del territorio nacional, de éste hacia el extranjero o a la inversa, recursos, derechos o bienes de cualquier naturaleza, cuando tenga conocimiento de que proceden o representan el producto de una actividad ilícita, o

II. Oculte, encubra o pretenda ocultar o encubrir la naturaleza, origen, ubicación, destino, movimiento, propiedad o titularidad de recursos, derechos o bienes, cuando tenga conocimiento de que proceden o representan el producto de una actividad ilícita” (CPF, 2022).

Para efectos de este mismo, se entiende que son producto de una actividad ilícita, los recursos, derechos o bienes de cualquier naturaleza, cuando existan indicios fundados o certeza de que provienen directa o indirectamente, o representan las ganancias derivadas de la comisión de algún delito y no pueda acreditarse su legítima procedencia.

Hace apenas unos días, la red de comunicación “Latinus” y “Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad” dieron a conocer la forma de vida de José Ramón López Beltrán, hijo del presidente Andrés Manuel López Obrador.

La investigación destapó las dos mansiones en las que ha vivido José Ramón López Beltrán al lado de su pareja Carolyn Adams en Houston, Texas, en Estados Unidos, valuadas en casi 28 millones de pesos; así como la camioneta Mercedes Benz en la que se trasladan, de 1.5 millones de pesos.

Un estilo de vida que se aleja en su totalidad con el mensaje de “austeridad” que pregona su señor padre. También es importante recodar los múltiples viajes a destinos afrodisiacos, hospedaje en hoteles de primera, alimentos en restaurantes de lujo que José Ramón ha hecho a partir del primero de diciembre de 2018.

Al respecto, el presidente López Obrador acusó a Carmen Aristegui de comparar este hecho con el escándalo de la casa blanca el ocurrido en el sexenio de Enrique Peña Nieto. Y aseguró que los bienes son comprados por su nuera “ellos se casaron y al parecer la señora tiene dinero, pero no tiene nada que ver con el gobierno”.

Recordemos la posición de Andrés Manuel López Obrador el pasado 10 de noviembre de 2014 publicada en su cuenta oficial de Twitter, cuando se destapó el escándalo de la casa blanca: “El asunto de la nueva casa de EPN huele a lavado de dinero. Es delito que debe investigarse de oficio. Un motivo más para que renuncie”.

Es difícil creer que una persona de 40 años de edad, que nunca ha trabajado, hoy disfrute de bienes millonarios en el extranjero. Lo indefendible no se puede sostener o ¿acaso exageramos al pensar así?