El universo de Frida Kahlo; pinceladas de un reflejo universal

  • En este volumen, con textos de varios autores, se revela la relación de la pintora con la cultura popular, la literatura el arte y la fotografía.

CIUDAD DE MÉXICO. La relación de Frida Kahlo (1907-1954) con la cultura popular, la literatura, el arte y la fotografía es explorado en El universo Frida Kahlo, un volumen con textos de Gerardo Estrada, Jaime Moreno Villarreal, Martha Turok y Pablo Ortiz Monasterio, entre otros, quienes dan cuenta de su vida y su obra como si se tratara de una casa de espejos que revela las múltiples capas de su cultura.

Publicado por la editorial RM en el marco del 115 aniversario del nacimiento de la artista, el volumen compila cerca de 300 fotografías, de las cuales cerca de 20 son inéditas, así como de 12 ensayos que revisan distintos ángulos de su vida y obra.

En entrevista, el fotógrafo y editor Pablo Ortiz Monasterio destaca que, al revisar los autorretratos de Guillermo Kahlo, dentro de la colección de Frida, se aprecia la influencia de su padre en la mirada de la artista mexicana.

Frida Kahlo y Diego Rivera en una trajinera en Xochimilco.

 Los autorretratos arrojan luz sobre por qué Frida pintó lo que pintó. Se conocía algún autorretrato de Guillermo, pero descubrimos casi 38 autorretratos. Frida, luego del accidente del tranvía pasó cerca de dos años sin moverse de la cama y de que Guillermo le adaptara un restirador para que ella pudiera pintar acostada. Y ¿qué pintó? ¡Autorretratos!, Ahí se revela la influencia de su padre y no de Diego Rivera”.

Plantea que, al observar las más de 6 mil fotografías de este acervo, “es claro que nos encontramos frente a referencias iconográficas, ya que en aquella época no existía internet”, con lo cual el libro aporta una nueva lectura visual del archivo.

Es interesante replantear las relaciones en cómo ellos miraban y pensaban (Frida y Diego) el nacionalismo, que se les nota en la arquitectura, en los trajes, en los objetos de arte popular y, por supuesto, en la obra”, apunta.

Por su parte, la antropóloga Marta Turok considera que en este libro se puede apreciar cómo es que la artista logró visibilizar a ese sector de las mujeres indígenas a partir de los textiles que adquiría y vestía. “Ella era una explosión de color que portó trajes étnicos de 10 grupos distintos, así que cuando iba caminando, sabía que las miradas estaban puestas sobre ella.

Más allá de ese elemento mestizo, como el rebozo, que lo usaba maravillosamente como un elemento de identidad, y de la joyería con piedras prehispánicas, que es otro proyecto que quiero hacer con la Casa Azul”, detalla.

¿A qué edad Frida se inclinó por los ajuares tradicionales? “Yo creo que hacia los años 30, cuando se casa. El rebozo es la primera prenda que porta como algo popular mexicano, y después vienen las fotos de cuando viajó fuera de México, con un huipil mazateco, el cual ya no está en esta colección de la Casa Azul.

En los cuadros del 1933 y 1937 se observan el traje de tehuana, fuera de su cuerpo, y otros más, pero lo visible es que ella empezó a usar este tipo de textiles a inicios de los años 30.

También hay una foto de Frida donde porta un vestido de lunares y rebozo. Ella nos dice que la ropa de la boda se la prestó la mujer que atendía la casa, pero no nos consta”, señala.

Otro de los temas destacados –realizado por Martha Romero, Luis Enríquez y Paulina García– es la exploración de la biblioteca de Frida y Diego, compuesta por dos mil 776 libros, de los cuales sólo 614 fueron atendidos con fines de conservación, donde también brotan las ideas y la mirada de Frida sobre la identidad y lo popular.

Un ejemplo es el libro Un bárbaro en Asia, en el que Frida subrayó: “El traje de un pueblo es más revelador que su poesía (…) El traje es una concepción de sí que se lleva en sí. ¿Quién soñaría en llevar algo que le es contrario y que lo contradice constantemente?”.

Diego Rivera preside la mesa de una comida en el jardín.

¿Por qué no se trabajó la conservación integral de la biblioteca?, se le preguntó a Enríquez. “Es un proyecto que se ha diseñado en etapas. Llevamos 614 analizados y esperemos que se haga toda la colección”.

¿Cuándo conservarán el resto de los libros? “Tiene que ver con los tiempos del museo y los presupuestos. Un proyecto así de grande tiene que verse en etapas y conforme nos ponemos de acuerdo el fideicomiso, el museo y nosotros iremos atendiendo las necesidades que se detectan en la colección”.